Cristina,
desde Madrid, conoce a Adriana, una porteña que reside en Buenos Aires.
Tienen sus primeras citas a través de sus respectivos ordenadores, pero
pronto necesitarán verse. Cristina planea un viaje a Argentina y, una
vez allí, descubre dos cosas: que el contacto con Alejandra ha sumado
magia a su unión; y que su familia se opone rotundamente a aceptar que
su hija es lesbiana.
Con la inocencia y la energía de ese primer amor, con la idea de que su vocación
es eterna e inexorable, Cristina lucha por reivindicar su identidad, su
libertad y su relación con Adriana. Para ello tendrá que plantearse si
es capaz de cerrar la puerta de su pasado y empezar una nueva e incierta
vida junto a la persona que ama.
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